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Escribir sobre la verdad no es tarea sencilla, puesto que cada uno de nosotros apetece tener la suya.
Sólo describiré un método que ordenará los pensamientos en este sentido.
Tampoco es una idea mía, sino que se debe a Thomas Samuel Kuhn y que floreció en el mundo de la filosofía epistemológica en la década del sesenta. Me refiero a su concepto de paradigma.
Un paradigma es como el constructo de las piezas de un rompecabezas. La imagen final terminada significará no exactamente una verdad, sino en el mejor de los casos un acercamiento a una cuasiverdad. Mis colegas epistemólogos comprenderán mejor lo que quiero expresar.
Las piezas del juego son eslabones que tenemos como certeros, siendo muchas veces objetivos (universales, compartibles y científicos) y otras como sólo subjetivos (no científicos, que no podemos compartir y pertenecen a nuestra intimidad solipsada).
Cada uno de nosotros junta estos eslabones y tendrá una construcción dada. Obtendrá una imagen que se acercará más o menos a la imagen final o cuasiverdad, y observemos que por ello no necesariamente tendrá las mismas piezas de otro, sino que, siendo distintas, mostrarán una parte de esta realidad buscada. Seremos nosotros los que idearizaremos un global conjunto imaginándonos la escena final, tal cual apetece la gestalt.
Así, cada uno de nosotros posee como verdades las partes de un todo y, aquél que posea más nitidez de conjunto, se acercará con fortunio a vislumbrar mejor la cuasiverdad esperada.
  
Ejemplo explicativo
  
Vamos a realizar un ejemplo que aclarará lo que se está exponiendo.
  
Supongamos que tenemos una imagen que expresará una verdad de contenido: que hay un pequeño perro con un par de lindos gatitos, refrescándose seguramente en una tina con agua y donde lo acompañan dos juguetes infantiles: un patito y una pelota al fondo.

  
A esta imagen la fraccionamos tal cual quedarían las piezas armadas de un rompecabezas. A esta figura la llamamos la verdad de la figura; esto se entenderá, es a donde queremos llegar.

  
Ahora ocurrirá que por un evento determinado habrá un par de piezas que se han perdido. A esta imagen la llamaremos cuasiverdad y será, lamentablemente, a la única que podremos llegar. Sabremos que hay detalles que se habrán perdido, como lo es la imagen del patito que nunca podremos recomponer.

  
Seguidamente supondremos que hay tres investigadores con respectivos tres paradigmas de conocimiento: el 1, el 2 y el 3. Cada una de estas personas a logrado juntar las siguientes piezas y armar por lo tanto los siguientes cuadros:
   

Paradigma 1

Paradigma 2

Paradigma 3

  
Según podemos apreciar el primero posee 15 piezas, 6 el segundo y 18 el último.
Puede pensarse que la canidad de elementos será el responsable de acercarse mejor a la cuasiverdad esperada; pero, como realmente vemos, esto no será lo importante. Para este ejemplo, será el segundo paradigma el que ejemplifique mejor el contenido puesto que nos da más datos que los otros por contener al perro, a ambos gatos, a la pelota y también a la tina.
Por eso, se pone en clara evidencia aquí, que la cantidad de hipótesis de una investigación no necesariamente significará acercarse mejor al resultado fidedigno esperado.
Y a veces ni siquiera esto, ya que distintos paradigmas pueden mostrar no solamente parcialidades sino contradicciones entre sus eslabones; y esto porque, lamentablemente por cierto, se carece de un paradigma más completo que los contemple.

En suma y con otras palabras, entiendo que siempre se preferirá un teoría que explique vagamente muchos o todos los puntos de una cuestión o suceso, a otra que explique con profundidad sólo uno o pocos.
   
  
Análisis más detallado
  

Así como el genio de Descartes en su momento sugirió necesario en una persona que en algún momento de su vida dude de todo, nosotros deberíamos tener en cuenta que la conocida frase "percibir (ver) para creer" nos ha enfrascado en un alto y costoso error del conocimiento de las cosas.

Nuestros sentidos físicos muchas veces nos engañan. Serán conocidos los casos de alucinaciones en personas como yo he visto padecer, las órdenes post-hipnóticas de invisibilidad que yo mismo he logrado producir, las equivocaciones mentales que abundan por doquier como presente en este video, el engaño y síntesis mental de colores como muestro en este otro ejemplo, etc.


De esta manera y antes de entrar en tema, será necesario definir lo que entendemos por ciencia, que si bien es una cuestión que muchos creen saber, en realidad hay más gente todavía que usa su término de una manera vaga y equívoca. Este concepto bien podría tener su inicio en Heráclito, cientos de años antes de la era cristiana. Conforme la interpretación en Jaeger, él distinguió el estar dormido (sueño) del estar despierto (vigilia):


"(...) no tenemos simplemente el símbolo de "los que están despiertos", sino encima una determinación más precisa del carácter de éstos, a saber, la de que participan de un mundo común (como prueba su comercio mutuo), mientras que el mundo de los sueños en que se encuentra el durmiente resulta inaccesible a los demás." (JAEGER, Werner: “La teología de los primeros filósofos griegos”, Fondo de Cultura Económica, México, 1952, ed. 1992, pp. 111-128)

O sea que diferenció las experiencias subjetivas de las que no lo son: las universales, también llamadas objetivas porque pueden ser observarlas sensorialmente por toda la gente y hacerse con ello de ideas cerebrales que permitan su análisis y discusión, explicación.

Por consiguiente, llamamos ciencia a todo aquello que podemos explicar y compartir con el prójimo. Ver Apéndice.

Entrando entonces en tema, quiero decir que estas piezas o eslabones del rompecabezas son, en sí mismas, también paradigmas. Cada una de ellas apetecerá una cuasiverdad intrínseca que le caracteriza. Y, a su vez, podrá estar cocausada (condicionada o correlacionada) con las otras o no. Este último concepto implica que entre las piezas puede haber causas y efectos que las justifiquen o no como tales.

A su vez, estos eslabones pueden ser asimismos cuasiverdades subjetivas u objetivas. Es decir, respectivamente carentes o no de universalidad, de cientificidad.

Por ejemplo, se puede tener una cierta cantidad de hipótesis (eslabones) subjetivas que no aporten una objetividad deseable, pero bastaría conque uno de ellos sí lo sea y que se relaciones con los demás como para que todo el conjunto sí apetezca entonces de cierta objetividad, mínima aunque sea. Tomemos un caso explicativo. Una persona dice tener vivencias extrañas que no puede explicar, y lamentablemente sabemos que esto entonces no nos daría aportes objetivos; pero puede ocurrir que conozcamos a esta persona y sepamos de su cordura y digna fe, cosa por lo cual entonces esto sí alimentaría toda su experiencia de un tinte de credibilidad aceptable.

Aquí hemos llegado a la necesidad de explicar otro concepto importante: la falsabilidad de Karl Raimund Popper. Este concepto nos dice que para que una cuestión sea aceptada como científica debe ser falsable (vocablo acuñado por este autor); es decir, que tenga argumentos válidos que permitan explicarlo, refutarlo, mostrarlo, etc.

Por ejemplo alguien puede decir que mañana en cierto lugar va a llover cucarachas. Bien, esto sin más, no es científico porque no deja nada con lo cual uno pueda entenderlo, justificarlo, relacionarlo, etc. Pero, si en cambio dice esto agregando que será así porque hace un año atrás ocurrió lo mismo en Indonesia pero con escuerzos, entonces inmediatamente su apreciación pasa a ser algo científicamente aceptable; aunque sea ridículo.

En suma, lo que quiero decir en todo esto es que las hipótesis que persiguen una cuasiverdad pueden o no estar relacionadas, ser o no científicas, pero si de alguna manera se concatenan entre sí pueden dar un cuadro final de verdad que se acerque con más efectividad al buscado.


Un tema que le continúa y compite, es que se tenga en cuenta de qué manera se realiza esta concatenación, si es por medios mecanicistas o biológicos (una persona que los ordena), cosa que determinará otra segunda cuestión de análisis.
  

La creencia

De una manera sencilla, si se me permite, quisiera explicar cómo veo yo la manera que tenemos de creer en algo; esto es, en considerar como cierta una cuestión. De esta manera y conforme a los desarrollos realizados en mi obra "Filosofía Crítica Trascendental" se desprende que habría tres maneras posibles:

1º) Por mera fe. Esta funcionalidad no se funda en la percepción sensible sino en la extrasensible o P.ES. y por tanto subjetivas, no compartibles con el prójimo. Las ideas que la conforman no proceden del empirismo sino del racionalismo entendido como sentires internos (sentimientos). Su hegemonía se daría, tal vez, en el hemisferio cerebral derecho.

2º) Por conocimiento científico. Se da como fruto de las ideas empiristas estructuradas y son objeto para compartir con el prójimo a través de los hechos empíricos (información); le son propios los sentires externos (sensaciones) o P.S. Su hegemonía se daría, tal vez, en el hemisferio cerebral izquierdo. Sostienen esta postura autores como Locke, Piaget, etc.

3º) Por el uso del paradigma (correlación). Consiste en determinar una probabilidad aceptable en función de eslabones (hipótesis) que nos manifiestan con más explicación que otros la realidad buscada. Sería, tal vez, funcional con ambos hemisferios cerebrales. Sostendría esta postura el autor Kuhn.





El paradigma desde el enfoque matemático

El tema hegemónico consiste en un sistema que, dadas sus premisas, se deberá hallar su conclusión. Esto estará excento de la confirmación por la simple percepción sensible, es decir, que trataremos de llegar a una cuasiverdad a partir de hipótesis no sensibles.

Supongamos que yo le dijera que la pastilla izquierda del freno de su auto está pintada de amarillo con lunares verdes. Bien, usted dirá que no es así... Ahora, mi pregunta entonces es decirle: ¿porqué piensa que estoy en un error? La respuesta será evidente, puesto que no ha visto nunca ninguna de este tenor y que lo habitual en todas las piezas del vehículo nunca se distinguen de esa manera. Bueno, entonces, seguidamente, le hago ver una cosa: si no la ha visto, su seguridad se basa en una correlación de verdades, esto es, está usando no un conocimiento empírico sino en la utilización del concepto de paradigma. Esto es, que no lo afirma y cree porque lo ha visto, sino porque correlaciona verdades. Un juez, por ejemplo, suele usar con frecuencia este método con las hipótesis de peritos,
testigos, etc. y decide sobre lo que nunca ha visto personalmente. Por ello, se desprende, que lo que no se ve no siempre es certero, pero puede serlo si sus correlaciones lo justifican. Así, de manera antagónica, una verdad como fruto de una percepción sensible podría ser puesta en duda por sus correlaciones.

Se sabrá que siempre las hipótesis o premisas tendrán un contenido universal probabilístico de acierto, o bien una subjetividad contingente que otorga el vocablo posibilidad. Esta diferencia es la que nos proponemos desarrollar.

La matriz de correlación que infiere probabilidades

Cada premisa tendrá su correspondiente razón probable. Así, podemos pensar que los sucesos habrán sido fenotípicamente experimentados con antelación llegando cada uno de ellos a tener las probabilidades P1, P2,... Pn. La información que los relacionará las denominaremos respectivamente Ii1, Ii2,... Iin (el subíndice "i" implica "imput") resultando (Ver la ref 1):

Ii1 = log P1 -1 [Hartley]
Ii2 = log P2 -1
...
Ii = log Pi -1 = [Ii1 Ii2... Iin]   >  premisa

Dicha premisa de entrada como información Ii a modo de vector, ingresa al sistema epistemológico G que es una matriz que otorgará la correlación dándonos la información final de conclusión If (el subíndice "f" implica "final") que será también un vector. En otros términos, resulta

G = Ii . If-1  >  correlación
If = [If1 If2... Ifm] = Ii . G   >  conclusión


Si la premisa contiene n elementos (n premisas) y la conclusión m elementos (m conclusiones), entonces la matriz epistemológica será de dimensión n X m. Esto quiere decirnos que si lo que buscamos es una sola respuesta la matriz deberá ser de n X 1 elementos (Ver la ref 2).


La matriz de correlación que infiere posibilidades

Cuando hablamos de posibilidades, o sea de contingencias, no hay un número que verifique ninguna ponderación y siempre la cuerstión será subjetiva. Sin embargo, toda nuestra vida de relación, social y eudemonológica, se presenta con decisiones y pareceres que se fundamentan en esta imprecisión.

Hasta tal punto es la ambigüedad de nuestros aciertos con las cuestiones contingentes de los pareceres humanos, que el vocablo "equívoco" hace alusión al respecto. Esto es, que pretende dar por una "fuerte" posibilidad los distintos pareceres de las personas que opinan al respecto de un tema dado. Dicho término viene de la dicotomía "equi" que significa "igualdad" y la otra "voco" que implica "voces"; en otras palabras, igualdad de voces opinando sobre un asunto. O sea que detona que tiene varias significaciones o sentidos, e interpretarla como sinónimo de "error" no es lo correcto.

Yo lo que propongo es considerar a esta contingencia, como dijera, con un sentido "fuerte", positivista. Esto implica que podríamos hablar de una "posibilidad ponderada".

Quiero expresar con esto que, como lo hacemos recurrentemente y sin darnos cuenta, inconscientemente quizá, podríamos asignar una cifra a la subjetividad de la posibilidad como lo hacemos con la objetividad (universalidad) de la probabilidad.

Así la cuestión, llevado la cuestión al análisis epistemológico precedente, si asignamos subjetivamente una ponderación a una premisa (n premisas), podremos obtener una conclusión subjetiva y también ponderada, y todo el análisis anterior se corresponderá.

Conclusión

Como conclusión y por ello, yo no hablo de verdad sino de un acercamiento a una cuasiverdad, dada entonces por una serie de eslabones (hipótesis) que nos manifiestan con más claridad que otros la realidad buscada.


Eugenio
14/08/13 - Actualizaciones: 28/07/15, 09/01/16
Mar del Plata, Argentina



Apéndices

Crítica al concepto de "ciencia" ortodoxo

Lamentablemente no puedo estar de acuerdo con la definición clásica y ortodoxa de la palabra "ciencia". Sabemos que ella deviene del latín scientia como "conocimiento" y que sería el conjunto ordenado de conocimientos estructurados sistemáticamente. (ref)

Pero aquí el problema: hablamos de "conocimiento".

Desde el escepticismo de Hume sabemos que dicha virtud, el conocimiento, sólo puede darse de las cuestiones que nos llegan a través de la percepción sensible (PS); y esto niega toda posibilidad de tener como ciertas las extrasensibles (PES) y/o trascendentes metafísicas.

Por este motivo yo no hablo necesariamente del sentido de las cosas sino de la coherencia que tienen entre sí y sus correlaciones. (Ver Filosofía Crítica Trascendental, Cap. 13 Filosofía, § El sentido y la coherencia)


Bibliografía

KUHN, Thomas S.: La estructura de las revoluciones científicas (1962), trad. por Agustín Contin, 11a ed., México, F.C.E., 1995.

TAIT, Eugenio Máximo: Filosofía Crítica Trascendental, Año 2000
  
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